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Política internacional7 ago 20263 min de lectura

Ceuta: cuando las personas migrantes se convierten en moneda de presión política

Marruecos (1)

Miles de personas procedentes de Marruecos llegaron a Ceuta en una de las crisis migratorias más graves de los últimos años. Muchos cruzaron nadando durante horas, escalaron espigones y muros fronterizos y llegaron exhaustos, heridos o con síntomas de hipotermia. Algunos viajaban incluso con menores. Según los datos recogidos en torno a la tragedia, más de 140 personas habrían perdido la vida.

Pero detrás de esta crisis hay algo que va mucho más allá de la migración: la instrumentalización de los flujos migratorios como herramienta de presión política.

Marruecos ha demostrado en anteriores ocasiones que el control de sus fronteras puede convertirse en una herramienta diplomática frente a España. En 2021, en plena crisis entre ambos países por la acogida en España de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, las autoridades marroquíes relajaron los controles y alrededor de 8.000 personas llegaron a Ceuta en pocos días.

Ahora, la crisis vuelve a producirse en un contexto geopolítico especialmente tenso. Apenas unos días antes, Pedro Sánchez había viajado a Argelia, principal rival regional de Marruecos. Rabat, además, mantiene estrechas relaciones con Israel y Estados Unidos, mientras la relación del Gobierno español con ambos países atraviesa momentos de tensión. A principios de julio, Donald Trump llegó a advertir que España «no se está portando bien» y que «pronto aprenderán».

Mientras tanto, en las calles de Ceuta cientos de personas protestaron contra la llegada de migrantes y se produjeron agresiones contra algunos marroquíes que acababan de cruzar la frontera.

Y aquí conviene detenerse.

¿Han pensado alguna vez qué tan desesperada tiene que estar una persona para dejar atrás a su familia, su hogar y todo lo que conoce, arriesgar su vida en el mar y lanzarse hacia lo desconocido? Para preferir deambular sin nada por las calles de un país extranjero antes que permanecer en el suyo, porque todavía conserva la esperanza de encontrar un futuro mejor.

Al final, quienes pagan el precio son siempre los mismos.

Personas desesperadas arriesgan sus vidas para cruzar una frontera y terminan convertidas en piezas de una partida geopolítica que no controlan. Mientras tanto, el miedo alimenta la violencia y el debate público se reduce, una vez más, a buscar un culpable inmediato.

Convertir a Pedro Sánchez en el único responsable de la crisis de Ceuta es ignorar el tablero mucho más grande en el que ocurre. La migración está siendo utilizada como instrumento de presión entre gobiernos y potencias, mientras quienes realmente sufren las consecuencias son las personas que están huyendo.

Porque cuando los gobiernos convierten las fronteras en armas, los seres humanos terminan siendo la munición.

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